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Aníbal (1ª Parte)

Imagen de Urichuqui

Capítulo 1: Nacimiento

Ya estás aquí, ya tenemos un hijo, nos has hecho padres… se dice pronto. Ya puedo dirigirme a ti y contarte nuestra historia. Me sorprende a mi misma lo relajada que viví todo esto, tanto la espera los últimos días como tu nacimiento. Temía un parto como el que tuve, laaargo y pesado, y sin embargo no estaba asustada ni apenas nerviosa. Ingresamos un lunes y ya nos explicaron que aquello sería largo. No me importó, no tenía prisa, tu padre sufrió más que yo (psicológicamente, claro). Los dos primeros días de ingreso no tuve apenas dolores. Me dormía esperando con el sonido de tu corazón en los monitores. Hasta me grabé la panza cuando tenías hipo, muy curioso. Chateaba tranquilamente con familia y amigos. Lo particular de un parto programado es que tooodo el mundo sabe que estás de parto. A tu padre le tocó gestionar esa parte, con tantísima gente pendiente de tu nacimiento, a mi me mantuvo entrenida tanto chat activo.

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Lo difícil empezó al tercer día, no me daban de comer y ya sí sentía dolor. Pero no me afectó hasta que me rompieron la bolsa. Aquello si me impresionó, primero porque fui consciente de que no había marcha atrás, de que tenías que salir sí o sí y se acababa el “intentarlo” y el “probar”. Pero también porque empezaba tu parte activa, hasta entonces habías estado tan tranquilo en tu SPA, flotando relajado y ajeno a lo de fuera, pero te habían quitado el agua y querían que tu cabeza hiciera el trabajo sucio y abriera el camino. Aquello me agobió, fue la primera vez, de muchas que habrá, que me preocupé por ti.

No te voy a mentir, aquello dolía… hasta ese punto mis hermanos y yo compartíamos la teoría de que había un complot mundial donde las mujeres fingen dolor en el parto para hacerse las víctimas, recibir atenciones, hacer sentir culpables a los hombres… a saber. Pero no, llegó la parte de las pelis donde ellas gritan y estrujan manos… yo lo gestioné de otra manera, más silenciosa, pero las contracciones eran muy fuertes y muy seguidas. Y la matrona no hacía más que darle más caña a la máquina de la oxitocina… y yo pensando que venía para bajarla, ilusa. No te culpo, seguro que a ti también te dolía. Pero entonces llegó Emilio, nuestro matrón favorito, y me enchufó la maravillosa epidural. Ya no había dolor, solo quedaba relajarse y esperar. Cierto es que tu esfuerzo era el mismo, pero ahí ya no me preocupaba tanto… también fue mi primera vez como mala madre, supongo. Faltó poco para ir a cesárea, pero hiciste muy bien tu parte y a lo largo de la noche conseguiste abrirte camino, a costa de hacerte un buen chichón. Para ese momento la familia ya estaba desesperada, los abuelos querían plantarse en el hospital y tus tías paternas lo hicieron, les teníamos muy preocupados tu y yo.

La parte del paritorio lo viví como si estuviera viendo una peli de esas que se graban en primera persona, viendo entre mis piernas abiertas esa lámpara de quirófano de tres focos redondos y a Emilio con su máscara verde. No sentía dolor y… que no te engañen… el “empujar” de parir es el mismo que el de cagar, eso sabía hacerlo. Fue rápido, o a mi me lo pareció. No hacía más que decirle a tu padre que no me dolía, él si parecía preocupado. Emilio nos ofreció un espejo para verte salir, pero era algo que ninguno de los dos queríamos ver, sinceramente. Y de repente ahí estabas, con esa luz ténue se te veía morado, bicéfalo por ese pedazo chichón, tenías los ojos hinchados, con el cordón colgando… pero fue emocionante, aunque reconozco que no sé si tanto porque empezaba tu vida, como porque finalizaba el parto. Te dejaron sobre mí, pero enseguida te retiraron, hubo que reanimarte un poquillo, el nuevo medio aéreo no te había sentado muy bien, y te oímos llorar. Papá aguantó bien hasta ese momento, pero ahí ya tuvo que sentarse. Volvieron a ponerte sobre mi, ahora sí limpito, con color de humano, con los ojos y la boca muy abiertos y respirando muy fuerte. Lo primero que miré era si tenías mis hoyitos, pero no estaban… me parecía que físicamente era lo mejor que podía darte, me hacía ilusión, pero tu te lo pierdes. Cuando papá se recuperó me tocó a mi el turno de marearme y pasaste a sus brazos, me había bajado mucho la tensión.

Cuando me recuperé y hubieron cosido el estropicio de ahí abajo nos fuimos a dilatación, donde enganchaste la teta por primera vez… lo hiciste muy bien, chico listo. No quería que tu presentación al mundo fuera esa típica foto de un bebé sucio, instantes después de nacer, sobre el pecho de su madre toda sudada con una bata de hospital abierta… quería algo un poco más elegante… y algo mejor fue, pero no mucho, tu padre es un impaciente y te presentó al mundo con esta foto.

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Yo ni tan mal, el peor parado eres tu, no sales nada bien. Luego me resarcí con tu presentación en redes sociales, con una foto que te sacó tu tía Malu donde ya sí estás para comerte.

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De ahí nos fuimos a la habitación, donde ya estaba esperando tu abuelo. Era 12 de noviembre, que ya jamás volverá a ser un día cualquiera. Empezaba el primer día de tu vida, pero eso lo dejamos para el siguiente capítulo

Capítulo 2: Primeros días

Nunca me han gustado los recién nacidos. Los veo como prototipos de humanos, a medio hacer, sin definir… hacen gestos raros y son frágiles. Todos me parecen iguales (o muy parecidos) y todos feos. Claro, que al recién nacido de otro no te pasas horas mirándole, reconociendo sus facciones completamente relajadas. El recién nacido de otro no te devuelve la mirada ni se relaja cogiéndote el dedo. Nadie pone recién nacidos cualesquiera desnudos sobre tu pecho para darle calor. Si mirara a mi recién nacido con los ojos de otro, lo vería como a todos los demás… pero son mis ojos, y para ellos este recién nacido es único, y hasta bonito. Estoy segura de que no va a ser mi fase favorita de la maternidad, pero supiste gustarme desde el principio. Aunque tú has sido poco recién nacido… pero no adelantemos acontecimientos.

Nunca cojo otros bebés, siempre dije que si tenía que aprender a manejar uno sin hacerle daño, que fuera al mío. No quería la responsabilidad de desnucar bebé ajeno, con mi reconocido tacto y mi manifiesta agilidad, ¿para qué arriesgarse? Suponía que me costaría más, que tendría miedo de cogerte, que te manejaría como a figurita de Lladró, pero que va. Desde el principio te cogí y manipulé como buenamente me salió… probablemente, más que por un instinto maternal superpoderoso, se deba a que soy descuidada y todo lo hago igual, a las bravas, pero el caso es que funcionaba, no sentía reparo en manejarte. No podemos decir lo mismo de tu padre, que te agarraba con los dos brazos en alto, tenso como una cuerda de guitarra… aún no tengo claro si respiraba. Lo que ninguno de los dos queríamos tocar era el cordón… ¡qué grimita!

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Tu primer día de vida fue particular. La gestión restrictiva en cuanto a visitas de tu padre, el community manager, surtió efecto y no tuvimos muchas visitas. Sólo la familia, ninguno quería perderse la oportunidad de conocerte. Podrías pensar que no tenemos amigos, pero la realidad es que los tenemos muy buenos y antepusieron nuestros intereses a los suyos. Yo estaba regulín… los dolores me impedían sentarme y la tensión baja me impedía levantarme sin marearme, así es que estábamos tumbaditos los dos. Y tú no estabas mucho mejor, no hacías más que vomitar, constantemente, no cogías el pecho, y seguía saliendo de donde no entraba nada. Esta foto estrenando nuestra performance dothraki, que un padre sensato jamás subiría a la red, refleja perfectamente aquel día, a medio camino entre festivo y enfermizo.

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Las enfermeras decían que estabas bien, que sólo estabas “nauseoso” porque habías tragado líquido al nacer y tenías que expulsarlo, pero esa noche yo no pude dormir. Tú eso lo llevabas bien, dormías bastante, pero yo no podía, te miraba constantemente… es lo que pasa si le dices a alguien en sus primeras horas como madre que ponga al bebé de lado, no vaya a ser que se ahogue con el vómito… toda la noche pendiente de cada mínimo ruidito.

Y sin embargo, aquello era una fiesta. Por la mañana vino la familia de papá. Todos se enamoraron de ti, en especial tu tía Malu, pero esta familia sólo te hizo fotos a ti y no tenemos ninguna de ellos. Por la tarde era el turno de los Martínez, que trajeron los regalitos para nosotros, jamonaco y quesote para tu sufrida madre, que renunció a ello por ti todo el embarazo.

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A la mañana siguiente seguías vomitando y sin haber comido. Te enganchaste un poquito y lo hicimos mal, dolía a rabiar, pero aguanté para que te alimentaras… para que lo echaras todo cuando las enfermeras vinieron a primera hora. Te miraron el nivel de azúcar, estabas bien, pero decidieron hacerte radiografías, ya eran demasiadas horas sin comer. Se fue papá contigo, no tenías nada y al fin, aquella tarde, dejaste de vomitar y empezaste a comer. Esa noche dormimos los tres.

Al tercer día nos fuimos a casa. Para ti era la primera vez que salías de aquel edificio, y para mí como si lo fuera. No era consciente del tiempo que llevaba allí encerrada, en la misma habitación. Recorrer aquel pasillo se hizo eterno, el ir vestida, el caminar tanto rato seguido en línea recta… y la sensación de salir afuera, en un noviembre anormalmente cálido, me sobrecogió. Tu padre ponía el punto de cordura a aquello, porque yo quería ir a directamente de compras y a buscar a los perretes desde allí, pero tuve que admitir que no estaba en condiciones. Al día siguiente, domingo ya, reunimos a la familia entera después de que papá trajera a Homer y Naia desde su retiro vacacional en casa de sus titas, y ya el lunes paseamos todos juntos. Me encantó aquel paseo, el primero contigo, el primero como familia numerosa, un rato al aire libre todos juntos me hizo feliz. Hoy ya tienes más de un mes y el paseo sigue siendo lo mejor de cada día, pero de nuevo esperaré a contar eso cuando corresponda.

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Capítulo 3: Primeros meses

Ya has cumplido un mes. Un mes lleno de primeras cosas, de primeras veces. Ya nos sonríes, y te ríes cada mañana cuando abres los ojillos y me miras. Ya te conocemos mejor y sabemos cómo calmarte (casi siempre), la forma más fácil de dormirte, qué te gusta y qué no. No quieres el chupete, lo escupes, sólo lo coges a veces en el carro o en el coche, y sin embargo ya atinas estupendamente a escoger el dedo gordo para chupartelo. Has comenzado nuestra primera guerra, me temo. Te gusta la música, te ponemos videos musicales y te relajas. Yo me empeño en ponerte Baby Mozart y cosas así, y tú vas y te duermes con “System of a down” o “Muse”. Eres un melómano, todo te vale mientras el volumen esté alto. En general eres muy tranquilo y no te molestan los ambientes ruidosos, en este mes has estado hasta en una fiesta pirata con montones de niños gritando y ni te has inmutado. Lo que más te relaja es este corto de pixar, te lo ponemos en el coche cuando lloras, que ahí no te podemos coger.

Lo más llamativo de ti en este primer mes es que duermes mucho. A día de hoy ya duermes 8 horas del tirón, ¡bendito seas! Hasta ahora era un problema, se supone que debías despertarte para comer, pero no lo hacías, y si intentaba despertarte yo, el resultado era que yo estaba despierta torturándote infructuosamente y tu seguías como un tronco. Ahora las matronas me han dado vía libre para dejarte dormir… que afortunados somos. Pero el primer día en casa no fue así, hasta me cargué la cuna intentando dormirte… lo que provocó un par de días de colecho extremo.

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Todo el mundo dice que eres igual que tu padre… y hay que rendirse a la evidencia, tienes muchas cosas suyas. La que más me llama la atención es que haces ruiditos al dormir. Cuando te estás durmiendo o apunto de despertar, ronroneas como un gatito, igual que hace él aún a sus 36 años. Eso no es parecido físico, pero obviamente está en vuestros genes. No me molesta que te parezcas a él, eso está bien, me enrabieta quedarme fuera de esto, el no ver algo mío en ti. Solo espero que cuando llegue sea algo bueno, y no una escoliosis o un ojo vago.

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La lactancia la llevamos regulín. Como no me podía sentar sólo sabíamos mamar tumbados, y aún sigue siendo nuestra postura favorita. Me sigues haciendo daño y ya he tenido una mastitis. Y sin embargo coges peso como un campeón y cada vez que voy al taller de lactancia me siento una privilegiada y me avergüenza ir a quejarme de mis dolorcillos insignificantes. Y es que eres un bebé poco bebé. Coges peso, duermes bien, expulsas los gases sin problema (mira, en eso si has salido a madre XD), haces caca regularmente y no sueles berrear desconsoladamente. ¿Qué más se puede pedir? Ya dije que eras poco recién nacido, eres grande, tienes mucho pelo y eres morenote de piel. Tampoco haces gestos raros (o yo no los veo)… Empiezo a pensar que naciste tarde para ser más mayor y gustarnos más... si es que además eres listo. Pero eso de ser tu fuente de alimento tiene doble filo. Mola mucho tener el arma más poderosa para relajarte, tengo el martillo de Thor de tu felicidad, y eso me hace sentir poderosa e indispensable. Pero por otro lado estoy esclavizada, no me puedo alejar mucho de ti por si te da el hambre y solo yo puedo ayudarte. Aunque… ejem… reconozco que ya me he escapado a algún bar mientras dormías. Y además para ti soy una teta con piernas… Puedes estar mucho rato jugando con tu padre, pero cuando caes en mis brazos empiezas a buscar el chupeteta.

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Te hacemos muchas perrerías. Hemos comprado cámara nueva y tenemos una tira de fotos tuyas, casi todas durmiendo, claro. Te peinamos de mil maneras, estás muy gracioso, pero nos decantamos por la cresta y el pelo pincho, eres un bebé malote.

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En lo que escribo esto ya casi has hecho los dos meses y has pasado tus primeras navidades. Hemos visto mucha gente y tienes fotos con un montón de tías, abuelas, primas… De momento te vas con cualquiera. No se puede decir que tus primeros reyes te hayan emocionado demasiado, pero irá a mejor, ya verás.

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Ya has cambiado, esto va muy deprisa. Cuando eras pequeño (juas!) sacabas un montón la lengua muy deprisa, como un lagarto, y ya no lo haces. A cambio fijas la mirada, te quedas flipado con el móvil de la cuna, con los juguetes, haces ruidos nuevos y te ríes si te hacemos tonterías. Te cuesta más dormirte y te estás convirtiendo en un tirano. Tu arma infalible es el llanto, nos tienes esclavizados cambiándote de posición, haciéndote casito, lo que sea en cuanto lloriqueas un poco. Y cada vez eres más consciente de ese poder. Mi imagen favorita de este tiempo es esta primera. Lo mejor, lo que te ríes conmigo por las mañanas al despertarte, hasta que te acuerdas de que tienes hambre. ¡Te partes! Que buen despertar, espero que siga así, aunque claro, aún no te suena el despertador.

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Capítulo 4 (16/02/09)

Uff… esto de escribir por capítulos se va complicando, tengo que buscar otra fórmula, a ver que se me ocurre. Estás a punto de cumplir tres meses y cambias de un día para otro. Es curioso como hay cosas que puedo localizar en un punto concreto del espacio y del tiempo, y otras que no sé cómo ni cuándo han pasado. Recuerdo perfectamente la primera vez que te vi coger un juguete y llevártelo a la boca, y veo como poco a poco vas puliendo esas destrezas. El sábado pasado, en casa de los abuelos, te giraste y te pusiste boca arriba tu solo por primera vez, y esa misma tarde le soltaste a tu padre (esta te la guardo) tu primera carcajada. Y sin embargo no se en que momento cambiarte el pañal se convirtió en una orgía de patadas y manotazos, o cuándo te has hecho un maestro ninja de quitarte calcetines, ni cuándo comenzaste a gritar como un poseso incansablemente durante horas. No llorar, gritar, decir “aaah” muy alto, básicamente. Te mola oírte, o te hará cosquillas en la garganta, no sé.

Hay una regla no escrita que dice que si haces algo de la misma manera dos días seguidos, se convierte en costumbre. Así está siendo con tus rutinas, con tus horas de dormir, comer y despertarte. De momento te acuestas tarde y te levantas tarde, llevamos la vida que he llevado estos últimos 5 años, pero se nos va a acabar cuando empecemos el cole y el curro.

Hay quien dice que te hemos malacostumbrado a los brazos. Puede ser, pero me gustaría saber cuándo ha ocurrido tal cosa, para proceder de otro modo, en caso de que queramos repetir esta experiencia. Quisiera ubicar en qué momento nosotros decidimos que ya no estabas a gusto tumbadito en el cuco mientras veíamos una serie, y que era mucho mejor tenerte cogido y meneándote. Quisiera saber cuándo establecimos que sólo aguantarías un ratito en la hamaca o en la mantita, y sin embargo un tiempo indeterminado sobre nuestros regazos. Si, imagino que nuestro error fue descubrir que dejabas de llorar simplemente cogiéndote, pero me gustaría que alguien me dijera qué hicimos para que empezaras. Yo creo que eso lo pensaste tu solo. Tu tío Carlos afirma que tomáis vuestras propias decisiones, y no puedo estar más de acuerdo.

Seguimos peleando con el mundo por tu peinado… o por la ausencia de él. El otro día una señora me preguntó si habíais estado enfermo y por eso tenías esas calvas… Te has hecho tus primeras fotos del DNI, y el fotógrafo en el retoque te ha quitado la cresta. Malditos todos.

Con los hermanos perrunos todo sigue más o menos igual. Para Homer no existes, pero Naia sí que te tiene cariño. Cuando estás tumbado en el gimnasio suelo estar pendiente de que no se acerque, para que no lo llene de tierra y no te quite tus juguetes. Hoy he decidido observarla a ver que hacía, y se ha acercado a ti y te ha lamido la nariz. Pero no como nos lame a nosotros, lo ha hecho despacito, con muy poquita lengua, con delicadeza. Luego ha ido a buscar su adorada lechuguita y te la ha puesto al lado. No solo no te quita los juguetes, si no que comparte los suyos contigo. O eso es lo que yo quiero ver, pero mola mil de todos modos.

De este tiempo, me quedo con estos dos videos. Las fotos no expresan suficiente, que ya eres mucho más interactivo, pero también cuelo un par que me gustan. No sé si cuando seas mayor entenderás porqué tus vídeos, en pleno siglo XXI tienen peor calidad que los que hacía tu abuelo con su Super 8, pero es lo que nos toca vivir ahora... con toda la tecnología a nuestro alcance y usamos el móvil porque lo tenemos más a mano.

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Capítulo 5 (19/04/2016)

Has cumplido 5 meses. Estaba preparada para que crecieras muy rápido, todo el mundo se encarga de advertírtelo. Lo que me ha pillado con la guardia baja es que el tiempo pasa rápido también para todo lo demás, y me encuentro a mí misma preguntándome cómo hay tanto polvo en el mueble, si lo limpié a fondo antes de que nacieras, o cómo puede tener Naia esas rastas, si la cepillé bien al final del embarazo. Y así tantas otras cosas que no es plan de reconocer en público.

De momento en cuanto a la maternidad he de decir que no era para tanto. Y no me refiero al hecho de criar un niño, si no al de ser Madre, así, con mayúsculas. Llevo tanto tiempo oyendo que “no lo sabes hasta que no los tienes”, “ya me lo dirás cuando seas madre”, “eso lo dices porque no tienes hijos”, que realmente pensé que supondría un profundo cambio en mí, que cambiaría mis prioridades, mis gustos, mis aficiones. Y no, me sigue gustando lo mismo, con la misma intensidad, y sigo pensando muy parecido. Cierto es que aún estoy en primero de maternidad, e igual más adelante cambio, pero de momento seguimos igual.

Ha habido muchos cambios, pero son difíciles de relatar sin aburrir a las piedras. Como madre primeriza entregada sí que estoy suspensa, aparte de este diario no llevo ningún registro de tus avances. Espero que en los miles de fotos y videos que te hago esté reflejado, porque el librito donde debía apuntar cuándo fue tu primera sonrisa y guardar pelo de tu primer corte (que sigue sin producirse) sigue vacío.

Todo el mundo dice que vas muy rápido y que eres muy espabilado, y yo, como no tengo con que comparar, me lo creo. Si veo que eres grandote, eres parecido a tus primos, que ahora mismo te doblan la edad. Te has estancado este último mes, y aun así sigues siendo grande. Yo opino que la lactancia exclusiva se te queda pequeña ya, y quieres probar cosas nuevas. De momento hemos ignorado deliberadamente a la enfermera y has probado plátano, manzana, pera, naranja, gusanitos, galleta… en pequeñas dosis, no vayamos a liarla parda, pero hemos comprobado que todo eso te gusta.

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Ya te arrastras como un loco, con lo poco que te gustaba estar boca abajo y ahora aguantas boca arriba el tiempo justo para darte la vuelta. Te he retirado los juguetes que cuelgan, ya no te interesan, quieres arrastrarte hasta cogerlo y luego otro y otro. Te he dejado el gimnasio, que lo usas a tu manera Sticking out tongue

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Lo mismo en la cuna, antes te despertabas y hacías gorgoritos hasta que llegaba yo. Ahora he vuelto a poner la cámara, porque para cuando quiero oírte ya te has dado la vuelta y te has recorrido media cama, y alguna vez he llegado a cogerte in extremis antes de precipitarte al vacío.

Lo de dormir toda la noche se acabó también. O eres una mente privilegiada o un genio del mal, aún no lo sé, pero está claro que decidiste ser un niño modelo al principio, cuando aún ninguno teníamos clara la relación que nos unía, no fuera a ser que acabáramos mandándote a la finca, y ahora que ya tienes nuestros corazones en tu puño, nos puteas. Esta noche he visto todas las horas en el reloj, no me he saltado ni una. Y eso que llevabas un par de días buenos, despertándote “sólo” un par de veces y durmiéndote solito, ilusa de mí, confiaba en que se hiciera rutina. Una cosa te digo, de día haces con nosotros lo que quieres porque te vemos la carita y nos hipnotizas, pero de noche está oscuro y no te veo… ¡no fuerces tanto! Y luego muchas veces duermes la mañana entera, cuando yo ya me he levantado. Cry

Otro apunte del mundo maternal es que sospecho que los otros padres estaban deseando verme sufrir, creo que el hecho de que fueras tan bueno les molestaba y casi oigo risas maquiavélicas cada vez que digo que ya no tanto. ¿Me convertiré en eso? ¿o ya lo soy? También pienso que la gente cuenta la historia a su manera, yo sigo diciendo que eres muy bueno cuando me preguntan, y es que lo eres, aunque ya no duerma toda la noche ni nos dejes ver Daredevil. Quizá esté desperdiciando la oportunidad de hacerme la víctima, igual que durante el embarazo.

Con Homer no hay avances, pero tu relación con Naia es lo que más me gusta de toda esta aventura. Os buscáis el uno al otro, la miras, te ríes y te lanzas hacia ella, que te recibe encantada y te chupa entero o te da con la patita. Y si no, es ella la que va a tumbarse a tu ladito ¡os como! Tienes la manía de tirar de los pelos, ¡a mi me tienes frita! A ella le tiras del bigote y lloriquea, pero tú no la entiendes. Espero que acabes haciéndolo, o dejará de acercarse tanto, porque al contrario de lo que haría a cualquier otro que osara ese atrevimiento, a ti no te gruñe ni te echa la boca. Lo peor es que ya te he pillado dos veces mordisqueando un juguete suyo… y otra el pié de Homer... maldita sea, había olvidado esa imagen... Arf

Otro miedo de primeriza que parece superado es lo de salir corriendo al hospital. Has tenido una gastroenteritis y ya hemos pasado la primera madrugada en urgencias, pero una vez en 5 meses me parece que está muy bien. Eso o me atribuyo un mérito que es tuyo, porque eres fuerte, una de dos. Ahora estás resfriado, has pasado tu primera fiebre y nos hemos enfrentado al apiretal por primera vez. También a tus primeros biberones, que no te gustan nada, ni de suero ni de leche. Todo aprobado, progresamos adecuadamente.

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Resumiendo, cada día eres más guapo y más divertido. De este tiempo me quedo con estas fotos de nuestra excursión a la pedriza.
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