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rincón del bocachancla

Aníbal (2ª parte)

Imagen de Urichuqui

Capítulo VI. 31/07/2016

Madre mía, no sé si ha pasado demasiado tiempo, pero desde luego han pasado demasiadas cosas. Veo que esto quedó en pausa cuando aún estabas con lactancia exclusiva y empezabas a moverte, y a mí eso se me hace ahora como de otra vida, como de otro hijo. Rectifico lo dicho, no es que el tiempo pase deprisa, ese sigue a avanzando segundo a segundo. Eres tú el que cambia tanto de un día para otro que parece que uno viva 10 años en uno solo, con la misma carga de recuerdos, de sucesos y de cosas que contar. Dicho lo cual, tengo ante mí la tarea de resumir unos 4 años de vivencias a escala humana en el siguiente post. Y solo tengo tu siesta para hacerlo. Empecemos.
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Releyendo lo escrito la última vez, me doy cuenta de que he desperdiciando la oportunidad de vivir de la clarividencia. Efectivamente acabaste cayéndote de la cama, y dudo mucho que pasara más de una semana desde que lo escribí. Al menos la primera vez Sticking out tongue En mi defensa he de decir que la segunda te dejé dormido y no me dio tiempo a llegar al salón y activar la cámara cuando oí el “pom”. Y efectivamente, tu relación con Naia empeoró, porque ahora te mueves mucho más (infinito) y en cuanto la tienes cerca le arrancas los pelos. Hasta hace poco había una barrera arquitectónica en el salón que ella saltaba cuando se hartaba de ti y todos contentos, pero ya ni eso te detiene y estáis empezando a tener roces. Maldito, es culpa tuya, y la que va a acabar desterrada a otra habitación será ella como no aprendas a respetarla.
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Empecemos por tu desarrollo motor. Ese progresa adecuadamente destacadestacadestaca… etcétera. Empezaste con una agilidad felina para arrastrarte a lo GiJoe, engancharte a algo, hacer la carpa y acabar de pie. Todo eso antes de que fueras capaz de mantenerte sentado. Los hitos del desarrollo los llevas guay, pero el orden lo vas marcando tu como se te antoja. A tu manera, es imposible volver a bajarse al suelo después de haberse puesto de pie, pero ya están tus padres para socorrerte… o lanzarte en plancha, que también lo hiciste alguna vez. Y todo esto está ya obsoleto, porque también descubriste que gateando se va más deprisa y se sortean mejor los obstáculos, y que si avanzas de pie no hace falta estar levantándose y agachándose constantemente, así es que siempre que tengas algo donde agarrarte, ya andas. Si, ocho meses tienes. Pero no creas que todo es bueno, esa prisa tuya por hacerlo todo cuando tu cuerpo aún no está preparado, hace que vayas a chichón diario. Lo bueno es que los nuevos van tapando los anteriores y así no parecen tantos. Eres tremendamente activo, aunque en general nadie nos cree, porque cuando sales por ahí estás muy tranquilo, no se si para llevarnos la contraria o porque todo es nuevo y te mantiene distraído. Pero el que ha pasado una tarde contigo a solas, se la envaina y nos da la razón.
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En cuanto a la comida, la idea general es que eres (al menos hasta el momento) muy buen comedor. Tu abuela hasta se emociona al verte comer. Normal, ella peleó mucho, creo que yo también me emocionaría si te echara en la cuna y te durmieras, como me consta que hacen otros niños. La lactancia ya la hemos dejado, también sin dramas, dejó de tener sentido cuando empezaste a hacer cuatro comidas diarias. Sin embargo, creo que para contarlo bien, tengo que dividirlo en subcapítulos:
- Fase 1. Seguías sin coger peso, así es que empezamos con la leche de continuación, pero no la querías de ninguna de las maneras. Empezó mi infructuoso periplo de compra de todas las tetinas del mercado (o eso me pareció a mi), hasta que un día tus tías te dieron agua en un biberón improvisado, con una tetina que llevaba guardada 13 años en un cajón, y lo devoraste. Ese día aprendí que nunca se debe asegurar “no, mi hijo eso no”, porque ahí estará él para hacer lo impensable para dejarte con el culo al aire. Con esa y otras tetinas similares, y tras saber que la leche que estaba intentando darte era incomible, aprobamos la fase “leche de continuación en biberón, con o sin cereales” Creo que para entonces ya tenías 6 meses.
- Fase 2. La papilla te encantó, tu primer contacto con la cuchara fue sorprendentemente fácil. Estábamos en la playa con los abuelos y presenciaron el momento en que metiste el morro en el cuenco como un perrillo de pura ansia. La fruta no tan bien, era muy difícil hacértela comer hasta que de nuevo tu tía Laura te ofreció un potito de tus primos que yo aseguré que no querrías y te gustó, y desde entonces fruta cocinada y todo bien.
- Fase 3. Los purés muy bien. No has tenido ningún problema ni de alergias ni con los sabores, así es que lo de ir introduciendo ingredientes uno a uno es otra de esas cosas que hemos hecho a nuestra manera. Ya casi comes de todo y hasta el maloliente potito de merluza te gusta. Lo que no llevas tan bien es lo de la comida sólida, en eso eres más de restregártelo todo por el cuerpo e ir tirándolo al suelo. A los perros esa parte les gusta.
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El dormir… creo que en eso cada noche es una fase diferente y ya me cuesta recordar por cuantos episodios diferentes hemos pasado. El caso es que cambias muy rápido, para bien y para mal, molaría que las fases donde te acuestas tempranito y aguantas toda la noche duraran más, pero a cambio aquellas en las que no hay quien te duerma también se pasan. Lo más importante es que te acuestas muy tarde. Ha mejorado un poco desde que te levantas a las 7, pero no tanto como esperábamos. En fin, que seguimos sin terminar Daredevil. Lo que si podemos afirmar es que si te despiertas de mal rollo, llorando o quejándote, es posible que vuelvas a dormirte. Un biberón, un poquito de meneíto y caerás de nuevo. Pero como empieces a hacer la serpiente, a lo Parsel (frikismo harripotiano on) con tus "ssssssssha" y "da! da! da!", da igual que sean las cuatro de la mañana, la fiesta ha empezado y estamos perdidos...
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Ya se acabó la baja, ya tenemos rutinas laborales los dos. Empezaste la escuela con 7 meses y no extrañaste ni un poquito. Es lo mejor que tienes, eres muy zalamero, a todo el mundo le sonríes y con cualquiera te vas. No sé a quién has salido en eso, eso o es tuyo y solo tuyo, o es otra de esas cosas que cambiará. También es cierto que yo tampoco sufrí esa separación súper dolorosa de la que hablan las Madres, con mayúsculas. Yo seré una madre desnaturalizada, pero te dejé allí, me fui al huerto y no volví a acordarme de ti hasta que tuve que recogerte. Cierto es que eran pocas horas y que tenía la mente ocupada, cuando no estás en casa sí que se nota tu ausencia. Tampoco cuando empezaste a quedarte la jornada completa pareció importarte, así es que no sufrimos ninguno. Actualmente los peores enemigos de tus rutinas somos tus padres, las boikoteamos cada fin de semana y en las vacaciones ni te cuento. Nos toca a nosotros hacer bien nuestra tarea, y seremos los primeros en agradecerlo.
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Ya te ha salido un diente y tienes otro asomando. Ya das una especie de protobesos, que son más bien mordiscos dolorosos con ese minidiente. Ya te hemos cortado el pelo, muy a mi pesar, y ya te ha vuelto a crecer, sorprendentemente rubio. Ya te has bañado en la playa y en la piscina y te han gustado, aunque lo de bucear no tanto. Ya has pisado el césped artificial y natural, y ninguno de los dos te ha gustado, aunque ya lo has superado con un gatear muy raro sin apoyar las rodillas. Ya hablas muchas cosas, aunque no digas nada. Ya señalas cosas y sigues con la mirada si alguien te señala. Ya reconoces y echas las manitas para irte con quien quieres. Ya sumas un verano, me encanta tenerte día y noche sólo con el pañal, ya veremos cómo lo hacemos para ponerte zapatos. Ya imitas sonidos. Ya finges y chantageas. Y lo peor es que ya vas teniendo tus primeros berrinches, porque ya entiendes el no, y ya sabes lo que significa que te quite algo de las manos. Muchos yas. Muchas primeras veces, y miles de ellas que no caben aquí. Dejo unas poquísimas fotos que me gustan especialmente, algunas de ellas entre el texto, aunque no tengan mucho que ver con lo dicho, simplemente porque si.
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Capítulo VII. 29/10/2016

A corto plazo me voy a arrepentir de haber dedicado el poco tiempo que tengo para escribir esto, pero a largo plazo no me perdonaría no haberlo hecho, así es que allá vamos. Este eres tu actualmente, con el look bartolín que te hacen en la escuela, a mi pesar. Ya tienes cuatro dientes, los dos de arriba salieron a la vez, y no habían terminado de crecer cuando ya te habías partido el izquierdo… eres muy brutito. Ahora mismo estás a tope con algún otro, estás pasando malas noches.

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Con tu nombre voy avanzando, aunque siga sin gustarme. Tú ya respondes por él, más o menos y cuando quieres, pero a mi me sigue dando vergüencita usarlo en público. Aunque es verdad que ya no me hace ninguna gracia que alguien critique o juzgue tu nombre cuando lo oye… me valía antes de nacer tú, como cualquier opinión, pero ahora ya es tu nombre, es parte de lo que eres, y al que no le guste que te respete y se lo guarde para él. Lo bueno es que soy tan tocapelotas que cuanto menos gusta algo, más me gusta a mí, así es que cada vez me gusta más.

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Una nueva cosa que he descubierto es que aprendes como si de un videojuego se tratase. Una se pasa semanas intentando que des palmadas sin resultado alguno y de repente… “¡logro desbloqueado!”, lo haces una vez y ya sabes hacerlo perfectamente y para siempre. El mismo día y de golpe, resulta que sabías dar palmas, saludar con la mano y tirar besos, todo a la vez. Creo que lo que desbloqueamos fue el “imita lo que hago” y desde entonces todo es mucho más fácil. Aunque ya llevo un tiempo intentando sin éxito que levantes un dedo cuando te pregunte cuantos añitos cumples… esperemos llegar a tiempo.

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Ya andas solo. No es una sorpresa, estás a punto de cumplir el año, lo raro es que hayas esperado tanto, con lo rápido que empezaste a andar asistido. Como todo, un día diste dos pasos, de la mesita del salón al mueble, y después de la siesta ya andabas como si no fuera ninguna novedad. Se habla mucho del instinto maternal, pero hay poca bibliografía sobre el instinto abuelil. Los tuyos aquel día lo debieron oler desde Móstoles, porque se vinieron en tren hasta casa para estar allí y verte dar los primeros pasos. Eso o que tu eres muy cumplido y decidiste que, ya que habían venido, les ibas a hacer la gracia.

Con las comidas seguimos bastante bien, aunque has tenido épocas en que nos hemos sentido como concursantes de “El semáforo”, a hacer toda tontería que se son pasara por la cabeza para conseguir que se encienda la luz verde, o en este caso, que abrieras la boca. Y así hasta vaciar el potito… ¡agotador! Y eso que todo te gusta, sólido o en puré no rechazas prácticamente nada, pero al parecer por temporadas eso de sentarte a comer se te hace insoportablemente aburrido.

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Han pasado las vacaciones de verano. Conociste el pueblín y te lo has pasado en grande con los abuelos y los primos. Fue genial, aunque el único que escuchara la orquesta de San Bartolo fuera el tío Carlos mientras buscaba al fugado Bob. Dimos buenos paseos cargándote en la mochila, que te gusta un montón, pero te crujes enseguida. Nos trajimos un montón de fotos preciosas.

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Has empezado el cole nuevo. Pasaste sin problemas el periodo de adaptación. Por suerte no tuvimos que preocuparnos de que nos echaras de menos o pasaras malos ratos, pero sí que me daba un poco de mal rollo que te quedaras tan feliz en un ambiente tan hostil, lleno de niños llorando desesperados… y tú a tu rollo. Llegaste a un punto en el que todos lloraban cuando les dejaban y tú… cuando te recogía, te tirabas de mis brazos a por la profe. ¡Eso no se le hace a una madre! Has estado a punto de dinamitar lo que el amor incondicional de Homer ha hecho por mi autoestima todos estos años. Menos mal que ahora mismo se te pone una sonrisa enorme en la cara cuando me ves y vienes corriendo con esos andares torpes tuyos a darme un abrazo.

Porque esa es otra novedad… ya das abrazos y eres un chantajista emocional nivel ninja. Pasas un montón del ¡no!, sabes que en esas situaciones solo tienes que poner tu mejor sonrisa, y si eso no funciona, pasas al nivel dos y vienes riendo con los brazos abiertos a colgarte del cuello y apoyar tu cabeza de lado sobre mi hombro unos segunditos.

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Con el habla nos hemos estancado, tuviste hace unos meses una racha de “mamamama”, que tu padre iba diciendo por ahí que me deshidrataba perdiendo babas. No era cierto, era consciente de que no lo decías en ningún contexto, pero sí que es verdad que las veces que acertabas a decir dos “mas” juntitos y solos, algo se revolvía un poco pensando que no queda tanto para oírlo, seguro que demasiado a menudo, con esa vocecita tuya. Después de esa has tenido otra mejor, si cabe, donde sólo decías “kakakaka”, y respondías “qué” muy alto si alguno te decía “qué”. Actualmente has vuelto a vocalizar una mayor gama de sonidos, aunque creo que lo único que dices en un contexto es una especie de “aia” que te sale cuando estás con la perrita.

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A los perros me los tienes martirizados. Ahora te ha dado por ir dando golpes a todo el mundo, cosa que te hace muchísima gracia, y a Homer le tienes frito. Naia no tiene tanta paciencia y huye, aunque con ella tienes una relación especial, que creo que está muy relacionada con todo lo que llueve desde la trona. Pero también con que te partes de risa tirándole sus juguetes, que no suelen caer mucho más allá de tus pies, y que ella los coja. Al menos ya no te los llevas a la boca, es un avance. Ella se pasa el día lamiéndote, aunque creo que muchas veces la hartas tanto que lo que realmente quiere es arrearte un bocado, pero se contiene y te lame. Autocontrol perruno.

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La verdad es que has subido de escalón en estos últimos meses, has pasado de bebé grande a mini-niño. Las rutinas están más o menos establecidas. Ya tienes tu carácter, decides qué quieres hacer en cada momento y te cabreas si no te lo consentimos. Sabes que te gusta e intentas comunicárnoslo, y cada vez quieres hacer más cosas por ti mismo. Ya no hay que estar pendiente de darte agua porque tu solo buscas tu vaso y bebes. Cuando vas andando quieres ir hacia allí y te enrabietas si te tiro de la mano hacia aquí. Eres muy movido, verificado por tus profes del cole y de natación, que yo no tengo con que comparar, pero ellas sí. Ha sido un año agotador, estoy deseando ver que viene después.

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Capítulo VIII. 22/01/2017

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Estamos pasando una época rara, es la abuela la que me relata a mí tus progresos… me informó ella de que si te decíamos cucú, decías tatá, que fue tu primera interacción clara con el lenguaje. Y la mirábamos de reojo cuando afirmaba que pedías clarísimamente agua cuando decías “aba”. Pero acertó, ahora a menudo lo repites a gritos e incesantemente para recordárnoslo. Eso no ha cambiado, sigues siendo un tirano.

Vuelves a comer muy bien, a veces temo que demasiado. Las profes del cole alucinan con los cuencazos de galletas que te calzas y que luego llegues a la comida y les robes las sobras a los compañeros. Actualmente reclamas comida diciendo “ama”, no sabemos de dónde ha salido, pero queda clarísimo cuando lo gritas señalando ese lugar de donde el abuelo saca las galletas que tanto te gustan. Eso sí, comes lo que te gusta, pasas mucho de la fruta, por ejemplo. Ya comes todo entero, aunque la carne aún te cuesta. Y es que ya tienes muelacas y un montón de dientes, y lo sé, entre otras cosas, porque ya me los has clavado en alguna ocasión.

Lo de moverte sigues llevándolo muy bien. Recién adquirida la destreza de andar, te hice un video subiendo por la red del parque que da gusto verte. Escalas, subes, bajas, trepas… tu padre te pone circuitos de obstáculos en el salón para tenerte entretenido, aunque ya te has dado algún otro golpe y para bajar eres más precavido.

Me parto con tu lengua de trapo. No te sale del culo decir ni mamá ni papá, de hecho cuando te preguntamos quien es papá te señalas a ti mismo… el “papá yo” de tu padre lo has entendido, ahora toca que comprendas quien es “yo”. No te lo reprocho, lo de la conciencia de uno mismo es ya de humano de nivel avanzado. Pero sí dices muchas otras cosas, me gusta en particular el “ette” cuando quieres algo, o el “yata” cuando quieres que paremos de hacer algo, como echarte gotas. Y lo de las onomatopeyas lo bordas… tu “oh, oh” no solo está perfectamente ejecutado, también lo aplicas apropiadamente a las situaciones. Ya no es tanto lo que dices, si no lo que comprendes, ya te puedo pedir que me traigas algún juguete que está lejos, o que vengas, o que te sientes aquí. También jugamos al escondite, es muy divertido, lo malo es que los perros suelen desvelar mi ubicación, y que como me descuide, en vez de buscarme vas a encender la roomba o a chapotear en el cuenco del agua.

Avanzamos despacio en lo de prestar atención continuada a algo, pero avanzamos. Te sentaba en el huequito de mis piernas cruzadas para leerte un cuento, o más bien una o dos páginas, y ahora eres tú el que lo buscas, y me encanta. He conseguido leerte alguno entero, y que te centres en algún juego concreto un tiempo corto. El de los aros y los encajables te gustan particularmente, aunque lo que buscas es el aplauso cuando lo consigues. Refuerzo positivo, eso ya me lo controlaba yo de adiestrar perretes.
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Has cumplido un añito y vivido tus primeras navidades conscientes. Al final aprendiste lo de levantar el dedo para indicar el añito que cumplías, justo dos días antes, ¡por los pelos! Aunque al parecer fue mérito de tu profe… vienes del cole haciendo un montón de gestos que no entiendo, nos deberían dar clases de las canciones que os enseñan, así al menos no hubiera pensado que te había dado por autolesionarte cuando te dabas golpes en la cabeza al cantarte para dormir. Las navidades las has disfrutado mucho también, has pasado mucho tiempo con tus primos y te gustaba el árbol y los adornos. El día de reyes dedicaste cierta atención a cada regalo, lo que me sorprendió y me agradó a partes iguales. No pude estar contigo en la cabalgata, pero esa al parecer tampoco te llamó mucho la atención, nada digno de mención aparte del caramelazo en el ojo al pobre Rubén. Tus tíos también te llevaron a ver la decoración navideña de Torrejón, y descubrieron que el algodón de azúcar no te hace ninguna gracia. Ni las uvas de la suerte.

Tu hora de dormir sigue siendo la asignatura pendiente, te cuesta muchísimo. También, si durmieras bien y comieras bien, ¿de qué nos íbamos a quejar tus padres? Nos quitarías el principal encanto de la paternidad. Hay días que en la más absoluta oscuridad te pones a hacer el ganso y, aunque no te veo, me parto con tus tontunas. Menos mal que tú tampoco me ves a mí reírme cuando te riño. Es muy curioso saber cuándo te has dormido (¡al fin!) por cómo te cambia la respiración. Ese momento debería tener nombre propio, o añadirse en el diccionario como otra acepción de “paz”

Eres un bailongo, es genial ver como mueves ese cuerpecito torpón y das palmas en cuanto suena música. Ya has dejado atrás a Muse y a System of a Down y, para disgusto de tu madre y regocijo de tu tía Lidia, te gusta Bisbal. Pero lo que en realidad te motiva se va aproximando más a la lógica de tu edad, con los cantajuegos y miliki, aunque a mí la wincy araña me salga ya por las orejas.

Hemos vuelto a cortarte el pelo, muy a mi pesar, aunque el resultado me gusta mucho también. Con esa cara todo va bien, y es que con el pelo largo era elegir entre pelo en ojos o look bartolín… ninguna opción era buena. En este tiempo te hemos disfrazado de esqueletillo, de muñeco de nieve, de especie de duendecillo y de oveja, y aunque este post lo publicaré sin fotos por falta de tiempo, ya lo completaré más adelante para tu escarnio público. Recuerda que te quiero cuando leas estas cosas Sticking out tongue

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